Que disfruta de una libertad que no le ha sido entregada,
cruzando puentes de endeble estructura, saltando entre nubes construidas sobre
el humo de muchos sueños.
Piensa que expresa lo que quiere, lo que siente, y que no importa quien lo pueda oir. Pero se equivoca. Aquí no puede hablar de lo que quiera, aquí no puede arrancarse de un puñado el corazón y mostrárselo a quien le rodea, aquí no.
Por eso juega al arte del engaño. No es un maestro aún pero está muy cerca. Vistió una pequeña armadura, muy ligera pero extremadamente resistente, construida con ideas, aportando nuevas resoluciones a cada pieza, haciendo de cada proyecto un remache.
Nunca sabremos a quién acudió para conseguir una vestimenta así, pero ya os digo que no le salió del todo bien la jugada. En su cara interna afloran miles de aguijones que se clavan en su piel cuanto más se cubre, cada vez que se protege de lo que tiene fuera. Son las espinas de conocer que lo que hace no es realmente efectivo, el pequeño detalle de saber que hablar de todo sin tapujos, hacer ver a los demás que no tiene pudor alguno no lo libra de que sigan existiendo cosas que no puede enseñar.
Y es que no existe, en esta tierra ni en tierras por llegar, un lugar en el que se pueda hablar de quién eres, de cómo eres, o de lo que sientes, con total libertad.
Que quien eres de verdad se ahogará en la más profunda laguna.
Piensa que expresa lo que quiere, lo que siente, y que no importa quien lo pueda oir. Pero se equivoca. Aquí no puede hablar de lo que quiera, aquí no puede arrancarse de un puñado el corazón y mostrárselo a quien le rodea, aquí no.
Por eso juega al arte del engaño. No es un maestro aún pero está muy cerca. Vistió una pequeña armadura, muy ligera pero extremadamente resistente, construida con ideas, aportando nuevas resoluciones a cada pieza, haciendo de cada proyecto un remache.
Nunca sabremos a quién acudió para conseguir una vestimenta así, pero ya os digo que no le salió del todo bien la jugada. En su cara interna afloran miles de aguijones que se clavan en su piel cuanto más se cubre, cada vez que se protege de lo que tiene fuera. Son las espinas de conocer que lo que hace no es realmente efectivo, el pequeño detalle de saber que hablar de todo sin tapujos, hacer ver a los demás que no tiene pudor alguno no lo libra de que sigan existiendo cosas que no puede enseñar.
Y es que no existe, en esta tierra ni en tierras por llegar, un lugar en el que se pueda hablar de quién eres, de cómo eres, o de lo que sientes, con total libertad.
Que quien eres de verdad se ahogará en la más profunda laguna.
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