A veces lo mejor de no poner barreras es volver a vivir todo de nuevo, pero lo peor es no recordar, una y otra vez, que no es fácil.
Había olvidado que los palos llegan de todos lados, y eso que esté era pequeño y no de gran repercusión. Aun así, todo el tema le produjo una noche sin sueño, o más honestamente, una noche de malos sueños.
Recordó lo difícil que es tomar una decisión, recordó lo solo que puede sentirse alguien cuando no está en casa, y recordó que todo el mundo, hasta aquellas personas que más ilusión hacen, tienen sus defectos. Y no pudo evitar irse a la cama con ese ligero sabor amargo a decepción en la boca.
Siempre consideró que actuaba igual ante todo el mundo, con esa historia tan bonita de abrirse a los demás y otros argumentos similares. Y a ver, para qué negarlo, siempre se sintió a gusto con espada en ristre y escudo en mano, si esas armas eran para la defensa de otro.
Y ahora se descubre de otra manera, o descubre cosas de sí mismo que preferiría no conocer, no experimentar. Seguramente será algo de egoísmo. Pero vamos, lo conozco, y puedo asegurar que va a poder todo lo que tiene dentro para actuar de la mejor manera posible, aunque haga que le duela aún más. El pobre es así de gilipollas, no tiene otro nombre.
El arte de aferrarte a la persona equivocada, en el momento equivocado, o puede que, simplemente, el arte de aferrarte.
Buenas noches, a los que podáis dormir bien hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario