miércoles, 15 de agosto de 2012

Locurón

Hay millones de formas de hacer locuras. Esas veces que se te va la pinza, no lo piensas y directamente lo haces. O esas otras veces que te tiras lo más grande pensando, sin saber qué hacer y entonces decides "bah, que cojones, vamos al lío". Sea como sea y acaben como acaben, la mayoría de las ocasiones dan ese puntillo de emoción que se necesita.

Locura tipo capricho: No sé si comprármelo o no comprármelo. Es que a lo mejor no debería... y ¡zas! te lo compras. Ese videojuego, esa camiseta, ese viaje, o ese vestido. Que maravilla de locura, te quedas más feliz que nada.

Locura de viaje: Te coges un coche a las 4 de la mañana, conduces una hora y media hasta la playa, metes el coche en la arena y cuando te das cuenta estás tan metido que el coche no puede no salir y hay que empujarlo entre todos. No me digáis que este tipo de locura no tiene el puntillo de emoción, aunque sea con viajes pequeños.

Locurón del gordo: Hay muchos locurones gordos, como por ejemplo pillar un viaje low cost por la cara y largarte solo, decidir que te vas a otro país a vivir o similares.

Pequeñas locuras: Subir a la Alhambra a las 4 de la mañana solo para disfrutar la noche, salir a pasear de madrugada, o a jugar a fútbol, irte solo de turismo o al cine, etc. Estas pequeñas locuras son las que hacen la vida más interesante. Innovación en pequeñas dosis.

Locuras de colega: Que tu amigo está de bajonazo? pues tiras pa su casa a las tantas de la madrugada, o paras el coche a un lado, os subís al capó y empezáis a bailar al ritmo de la música que esté sonando en tu radio.

Locura tipo me gusta esta chica: estás charlando con ella y de golpe propones cualquier cosa que suene descabellada, cualquier cosa que no se espere y la descoloque pero haga que le guste tu espontaneidad.

A fin de cuentas las locuras no son más que ese punto de emoción, esa forma de escapar de una rutina que no deja tanto margen a la innovación. Te animo que cometas tus pequeñas locuras, a que se te vaya la pinza un poco, y sobre todo, a que no digas que no a las locuras de los demás. Nunca sabes cómo puedes terminar.

Besos y demases

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