sábado, 11 de agosto de 2012

Afortunado

Señoras y señoreeeees, he pasado una de las peooores noches de mi vidaaaaaa. Y no hablo de esas ralladas mentales que no te dejan dormir, no, hablo de literalmente sobar mal. Me he despertado con un dolor de espalda lo bastante fuerte como para que no pudiera levantarme de la cama sin pronunciar un sonoro quejido en voz alta. A todo se unió, cuando llevaba solo 10 minutos despierto, un fuerte dolor que empezó a oprimirme el pecho. A estas altura  los dos me duran, la espalda me duele horrores con el más mínimoc movimiento salido de cuentas y el pecho me presiona hacia dentro constantemente sin dejarme respirar bien y doliéndome si cojo más aire de la cuenta. Y no tengo ni puñeteeeeeera idea de por qué.

Pero me siento afortunado, y eso sí sé por qué. Porque hoy ha sido un día de esos para pensar a pensar dónde está uno y valorarlo como se merece.

Día off, día libre, de esos que te levantas a las mil horas y dices, vamos a aprovecharlo. Aunque la primera idea era ver el museo de historia natural, he acabado en el museo imperial de la guerra, ¡y qué museo! Os dejo las fotos en fb: coches, tanques, misiles, aviones, cohetes, etc. Y otras más duras. Lo cierto es que algunas de las fotos son un poco chungas, y te paras a pensar en lo que significó aquella época cuando ves antiguos trajes raídos de judíos o una maqueta de Auschwitz; o cómo deberían pensar los nazis para justificar todo aquello cuando ves sus trajes en las vitrinas expuestos.
Había una réplica de un tren de esos que llevaban a judíos, había una cama donde ponían a los niños para matarlos y otras cosas por el estilo. Así que sí, tengo más dolores que un costalero, pero si no me sintiera afortunado sería gilipollas.

Al terminar el museo, unas cuantas fotos al parque de alrededor, incluyendo el parque tibetano de la paz, inaugurado por el Dalai Lama y de vuelta a la orilla del Támesis a disfrutar la tarde.

Se une mi primaco, cómo no, y el río es nuestro.
Y de nuevo no puedo evitar sentirme afortunado. Salir con una hamburguesa y encontrarte el Big Ben iluminado de frente con el anochecer inglés. ¿Qué mejor sitio para cenar? Además, con el tema de los juegos el Támesis parecía una fiesta: el London Eye iluminado, atracciones dignas de la mejor feria de ciudad española de tamaño medio, (sí señores, el ratón vacilón, si sabéis a lo que me refiero), muchíiiisima gente paseando, puentes iluminados, barcos en el río ofreciendo cenas y fiestas con la mejor música, un ambientazo increíble, la gente que se compra las botellas de vinito blanco o rosado y unas copas y se sienta al césped a beber y charlar... y en el centro nosotros. En el centro de todo esto, con todo Londres gritándonos al oído que seamos conscientes de la oportunidad que tenemos, del momento que estamos viviendo.

Hoy me duele tooodo el cuerpo, y bastante, pero sí, sé que soy muy afortunado.







Solo me queda una pequeña espinita, que me pierdo la lluvia de estrellas. Disfrutadla quienes podáis allí en España.


Besos londinenses

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