jueves, 2 de agosto de 2012

La dificultad de aceptar que estás preparado, o que no lo estás, para aceptar a otra persona. Y tú dirás ¿hablas de enamorarse? Pfff, no me cuentes rollos... podría estar hablando de eso porque entra perfectamente en esa sentencia que acabo de soltar, pero también hablo desde que son las 2 de la mañana (las 3 para los que andáis por Españistán) y vuelvo a escribir solo porque me apetece y sin saberqué acabré contando.

Solo os diré, para ir haciéndonos todos una idea, que tengo puesto Dogma de fondo (sus la recomiendo muuuy encarecidamente), que hoy he tenido una conversación sobre conjuntos de ropa interior (que me gusta ese tema, maaaaccho) y que no me quito de la cabeza la escena del aeropuerto de Love Actually y todo lo que me trasmite.

Como me enseñó una amiga, y ella aprendió de otra persona que le es cercana, a veces la vida da VÉRTIGO, y vértigo con mayúsculas, y en solo dos semanas en Londres he aprendido varias cosas. He aprendido cosas que quiero, sobre todo he aprendido cosas que no quiero, y estoy aprendiendo a tener cada vez en máaaaaaas alta estima la palabra voluntad.

Por cierto, he visto o hablado con algunas atletas como: un chino o japonés con una medalla, un jugador del equipo ¿turco? de baloncesto, al representante de judo español, a un par de baloncesto españoles, a la corredora de 400 metros valla estadounidense (o algo así) y alguno más que me dejaré por ahí.

Y volviendo al tema del principio. ¿Es de sentido común dejarse llevar o evitar que te encuentren? Quien lo sepa que me lo diga

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