domingo, 23 de septiembre de 2012

Me marcho

Llevo unos días retrasando el escribir a ver si se me ocurre alguna cosa chula que escribir, pero con todo lo que supone largarte a otro país no se me ocurre nada y a este paso me iba y no escribía nada. El martes marcho para Madrid, y el miércoles temprano para Oporto. Tengo la habitación llena de cosas, aún no sé lo que voy a llevarme y lo que no, y me dejo mucha gente atrás.

No queda nada mío en Granada ya. Después de tantos años, más de los que debería y menos de los que quisiera, he dejado la habitación despejada por completo. Se queda allí mi grupo de colegas y otra gente a la que tengo mucho cariño, casi todos relacionados con el Play (maaaacho, cómo voy a echar de menos ese bar).

Y bueno, yo que sé, tengo muchas cosas por decir pero estoy completamente en blanco. Se suponía que debería sentirme de muchas formas y no me siento de ninguna. Que agobio, juer xD.



Pues eso, empieza la nueva etapa. A ver qué tal se porta Portugal. Besos y demases.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Noche sinfónica

La música pone unos tristes guantes,
un velo por el rostro casi transparente,
o a veces, cuando la melodía es cálida,
se enreda en la cintura penosamente como una forma de hierro.

Acaso busca la forma de poner el corazón en la lengua,
de dar al sueño cierto sabor azul,
de modelar una mano que exactamente abarque el talle
y si es preciso nos seccione como tenues lombrices.

Las cabezas caerían sobre el césped vibrante,
donde la lengua se detiene en un dulce sabor a violines,
donde el cedro aromático canta
como perpetuos cabellos.

Los pechos por tierra tienen forma de arpa,
pero cuán mudamente ocultan su beso,
ese arpegio de agua que hacen unos labios
cuando se acercan a la corriente mientras cantan las liras.

Ese transcurrir íntimo,
la brevísima escala de las manos al rodar:
qué gravedad la suya cuando, partidas ya las muñecas,
dejan perderse su sangre como una nota tibia.

Entonces por los cuellos dulces melodías aún circulan,
hay un clamor de violas y estrellas
y una luna sin punta, roto el arco,
envía mudamente sus luces sin madera.

Qué tristeza un cuerpo deshecho de noche, qué silencio,
qué remoto gemir de inoíbles tañidos,
qué fuga de flautas blancas como el hueso
cuando la luna redonda se aleja sin oído.



Un impresionante poema de Vicente Aleixandre que sobrecoge. Dedicado especialmente a una pequeña personilla que, solo por la influencia que ha tenido, ha conseguido volver a despertar en mí ese interés perdido por leer poesía.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Apenas

Apenas una luz insinuante se cuela por la ventana. Insinuante pero lo bastante potente para marcar los contornos de la habitación y dibujar una imagen. Dibujar una imagen tanto de su cuerpo como de sus pensamientos.
Se acomoda en el sofá y se le hace pequeño, agobiante, como una carretera estrecha que apenas permite el paso del tiempo, o era el paso del coche, no lo recuerdo bien; como ese jersey un par de tallas más pequeñas que la tuya que genera toda esa ansiedad cuando quieres quitártelo y no te ves capaz. Y hace calor. Pero no ese calor fruto de una temperatura desproporcionada, ni el calor resultante de unos labios que al rozarse lentamente por tu cuello dejan, con el simple gesto de un suspiro, esa marca indeleble de una fugaz visita. Es el peor calor de todos, el calor de saberte en el lugar equivocado en el momento equivocado, el calor que, como pasiones, emerge de dentro creando instantes que parecen alargarse durante años.

Apenas viste un pantalón corto y aún está pensando si quitárselo. Con una pierna estirada y la otra ligeramente flexionada, girado sobre un lado, los brazos hacia arriba y dejados caer por encima de la cabeza, y los pensamientos a miles de kilómetros de aquí y en miles de lugares a la vez.

Apenas la presión hace martillear su cabeza como tan solo el más hábil herrero sabría hacer, los segundos se vuelven eternidades. Se ve perdido en un cuerpo de mujer que no le pertenece, impregnado del aroma de un cabello aún mojado que no dejará marca sobre su almohada ni permitirá al día siguiente rastro alguno de una, quizás, visita prohibida e improvisada. Se ve perdido en unas manos que no violarán la promesa autoimpuesta de acariciar un rostro que no es el suyo.

Apenas reconoce las vías que siempre recorre, se da cuenta de que llevan a lugares completamente diferentes, a calles estrechas de corazones frágiles, de arterias que marcan recorridos equivocados, de ríos que desembocan en el mismo sitio donde siempre lo hicieron pero llevando un agua completamente diferente. Está donde siempre, pero siente que no es donde debería estar ahora.

Apenas se ve capaz de callejear el camino marcado, y cada recodo que gira le muestra un nuevo paisaje y su objetivo cada más lejano, como ese agua que para escaparse entre los dedos primero los recorre con pasión y deja el rastro de una mano mojada; siempre mostrando hasta donde se debe llegar y al mismo tiempo siempre impidiendo que complete su viaje.






Pero sobre todo se ve perdido en sí mismo, en mirar hacia él y encontrar que no es quien podría ser, que no es capaz de dar todo lo que su interior alberga, y que recoge a pedazos rotos la idea de que tal vez sea mejor no entregarse pues no es justo dar a nadie solo una sombra de todo lo que un corazón con ganas de latir puede aportar.

martes, 4 de septiembre de 2012

Soy una persona bastante fría en ocasiones. Creo que tengo gran capacidad para quitar validez personal, siguiendo mi propia opinión, a las decisiones de los demás si lo considero adecuado. Y por lo general me siento lo bastante contento, tranquilo, y tal vez orgulloso, de los valores morales que me llevan a tomar mis decisiones, a actuar como lo hago. Por ello no me siento mal si soy frío, si por mucho que te entienda me niego a compartirlo.

El problema está cuando entra en el juego la ley. Cuando la mayor herramienta que ha existido jamás para defender lo que somos nos convierte en esclavos de ella misma, nos impide ser mejores personas, casi siempre encadenados a unas normas burocráticas que nos limitan el mejorar. Que esté apoyado por la ley no quiere decir que sea justo, actual, o esté bien planteado.
Es una vergüenza que nos sintamos mejores personas o que hacemos las cosas mejor por estar guiadas por la ley, y es una auténtica pena que la mayor parte de las veces ni nos demos cuenta.

¿Por qué este rollo? Porque esta noche me han tocado los cojones, porque esta noche me han hecho llorar. Porque el aborto selectivo puede jugar con las normas para matar vida bajo razones inadmisibles (y que conste que soy pro aborto, solo buscad información sobre el aborto selectivo en China e India). Por un momento me he quedado bloqueado. Qué fácil es ser inconsciente con respecto a la cantidad de cosas que están mal hechas. Tal vez no puedas hacer nada para cambiarlo, yo creo que tampoco puedo mucho en realidad, pero, por favor, si se puede, cuando estés en contra de algo que consideras injusto hazlo saber de manera clara. Gracias.

viernes, 31 de agosto de 2012

Bye bye London

Orgulloso del peso que porta en el corazón y las palabras que lleva escritas en el alma regresa a casa, con ganas pero apesadumbrado y, sobre todo, sobrecogido. Le gustaría dividir el tiempo en dos, el que necesita en la nueva etapa que se avecina y el que le falta para alargar todo aquello que deja detrás.

Se va soprendido, pasmado más bien, y se va feliz. Atesora una colección de nuevos momentos que guardar bajo llave como si del más preciado tesoro se tratara. Atesora paisajes, momentos, y la ribera del Támesis como especial compañera. Esperaba conseguir nuevos momentos, momentos increíbles, pero no tantos ni tan especiales; a fin de cuentas un mes y medio no iba a dar para tanto.



Me quedo con los momentos con mi familia, con la posibilidad de recorrer Londres, ya fuera solo o en compañía, con la gente conocida, con la sorpresa de lo que representan y lo grandes que son muchos de ellos. Me han dicho y me han escrito cosas que me han sobrecogido, y que ahora convierten todas mis palabras en obsoletas, y a mis manos y cabeza en inútiles. Intento expresar, intento escribir lo que ha sido, lo que he conocido y lo que he vivido, pero todo lo escrito apenas le llega a la suela de los zapatos. Lo que daría ahora mismo por una mayor capacidad de expresar lo que se lleva por dentro.



Emprende así el camino de vuelta al hogar, henchido de orgullo, con el corazón repleto de sentimientos como mejor armadura, y unas lágrimas apenas insinuadas como arma más letal. Experiencia única, enriquecedora e imperecedera se mire por donde se mire.

La maleta pesa va un poco más llena. El corazón lo lleva a reventar.

sábado, 25 de agosto de 2012

Me gusta no me gusta 1ª parte

No me gusta querer escribir y no saber cómo o qué decir, no me gusta la gente que lo tiene todo absolutamente controlado, que me mientan ni mentir, esperar, la tela tipo leopardo, los tangas, que me griten, sentirme mal, que el móvil me deje tirado, estar sin internet, las españoladas ni las americanadas, el 80% de las series españolas, algunas comedias románticas, los cardos en la comida, las espinacas solas, la música cani, sentirme solo, no tener una conversación cuando la necesito, la gente que no entiende o no se abre a experiencias, la gente que no cambia de opinión, las chucherías picantes o con azúcar por fuera, no entender algo, agobiarme, la gente que suelta dichos populares como si fueran máximas absolutas, la alarma de mi móvil, la película de Lobezno y la de Spiderman 3 (por comentar algunas), la mayoría del arte moderno, ilusionarme con algo y que luego no salga, cuando el doblaje de una peli o de una serie es una mierda, el chasco que suponen algunas personas, las cosas que te vende la religion, la música pachanguera, la gente que cree que solo hay una media naranja, la gente que se traga eso de las medias naranjas, cargar con el paraguas, ir en chanclas, los que charlan sin parar, que me clasifiquen limitándose a meterme dentro de algún grupo, la biología, la estadística, los millones de cremas para la cara,dar dos besos a alguien que ves a diario, los escudos antisentimientos, el fumar,la gente que no atiende a razones, la gente que no entiende la diferencia entre un cómic mensual y una novela gráfica edición limitada...



Me gusta hacer locuras, hacer cosas por instinto, el cine, emocionarme, llorar con una peli, una buena canción, las cervezas con los amigos, conducir, conducir de noche, creer aquello que vendo, las playas nudistas, los videojuegos, sentir la sala de cine retumbar con el sonido de las películas, viajar, conocer gente, conocer historias, vivir cuanta más experiencias mejor, el sexo, un cuerpo bonito, las mujeres, el pelo corto en una chica y el pelo largo suelto, el rollo vintage y el rollo pin-up, los tatuajes, las miradas con luz, las montañas rusas, la fotografía, el inglés, las películas y series en VOSE, quedarme bajo el agua en la ducha, el Mont Saint-Michel, unas manos delicadas, unas uñas arregladas, unos ojos grandes, las mujeres con vestidos, leer, sacar siempre algo bueno de cada momento, hacer cosas sin pensar, las bibliotecas, la geografía, Olvidado Rey Gudú de Ana María Matute, todas las películas de Nolan, Superman, Geocaching, Couchsurfing, un buen vino con una buena con una buena conversación, los Guerrero, el recuerdo de las noches de verano en la puerta de mi abuela, las charlas en plan "vamos a arreglar el mundo", salir a dar una vuelta a las tantas de la mañana solo porque sí...

miércoles, 22 de agosto de 2012

Entre libros

Que no importa los labios que quieras recoger, los corazones que quieras sembrar, los ojos en los que quieras perderte bajo la lluvia.

Me es indiferente si quieres dibujar a lápiz o prefieres marcar con indeleble; si el aire de mis pulmones es como el aire de un abanico o como una tormenta de cien huracanes.

Si nunca pido que estés, no pregunto dónde caminas o con quien recoges las migas de pan que dejé tiradas para seguir tu sendero.

Que nada cambia cuando la decisión se ha tomado, si tus palabras cantan vida aún cuando no consiguen escapar de tus labios, incluso el más leve suspiro no hace más que confirmar una elección acertada.



Empezamos en negro y pasamos a la imagen de un libro que cada vez se va haciendo más nítida. Grabamos con cámara al hombro, en primera persona y con ese pequeño baile propio de cada paso. Está de pie entre pasillos y pasillos de libros, por lo que mira hacia abajo, hacia la página que tiene abierta. En la otra mano un pequeño café, bastante dulce, en un envase para llevar y unos de esos pequeños cartones para evitar quemarse al sujetarlo. Levanta la cabeza y la cámara hace un pequeño contoneo. Empezamos a caminar, pasando entre más gente que ojea posibles compras en la librería.

Entonces una pequeña figura atraviesa la imagen sin que nos de tiempo a verla. La buscamos entre las estanterías, moviéndonos entre los huecos que los libros dejan ordenados por temas, pero lo más que vemos son otros clientes.

De repente en la sección de fotografía, cine y música (o tal vez fuera la de decoración), la encontramos. Pero no vemos su cara, solo pequeños retazos entre los pasillos de libros, y un pequeño bolso enganchado al hombro. Se gira y nos descubre. Es solo un segundo, un momento, un instante, un milenio, un universo. Un segundo en que levanta la mirada al comenzar a andar y de casualidad sus ojos y los nuestros se encuentran. Nerviosos, como si volviéramos a tener 12 años, nos escondemos, como el niño temeroso de que le hayan pillado cometiendo su mayor trastada pero que una vez recuperada la compostura vuelve a asomarse.
Y ahí está.

Esperando a que volvamos, a solo dos estanterías de distancia pero a todo un universo de conocimientos. No nos hablamos, no hace falta decir nada y las palabras ya están todas escritas en los libros que nos rodean. Solo nos miramos, siempre desde la seguridad de los muros de papel alrededor. Y nos lo contamos todo.

Como si el escenario hubiera sido previamente ideado, todos los libros explotan a la vez, una explosiones de palabras, de verbos, adjetivos, sustantivos, ensayos, poesía, fotografías, dibujos... remezclados en una amalgama de miradas que en el aire van tejiendo las frases (una palabra de aquí, otra de allí, una foto para ilustrar) que van dando forma a nuestras historias sin que se pronuncie un solo sonido.

Sin darnos cuenta nos hemos ido moviendo, hemos desnudado quienes somos con la mirada, ahora nos conocemos perfectamente. Un simple parpadeo y toda la librería vuelve a estar en su sitio, los libros perfectamente ordenados, las palabras y los colores han dejado de flotar en el aire. Y nos hemos movido. Hemos abandonado la seguridad de las estanterías y de repente estamos frente a frente.

Ahora solo queda decir algo.

Ahora solo queda hablar...

-Hola... soy...