miércoles, 31 de octubre de 2012

Save me

Save me.

Come and save me. Ven a salvar cada pedazo de mí, a recoger cada retazo del dibujo que marca quién soy. Ayúdame a delinearme de nuevo sin olvidar tras de nosotros las huellas de cada camino que recorrimos, como el carboncillo que crea una nueva imagen de lo que alguna vez fuimos sin importarle al dibujante los restos de mina que su obra deja tras de si, sin importar al poeta que esos últimos versos que creó no den lugar a la melodía más bella jamás leída, sin importar al músico esas notas que nunca es capaz de tocar con acierto, siendo conscientes todos nosotros de la grandeza de todo aquello que aún teniendo dentro no somos capaces de comprobar. Siendo conscientes de eso que llevamos, eso que muchas veces yo mismo no soy capaz de ver y tú haces florecer en mí con una sola mirada, con una sola palabra, con un simple gesto de tus manos, con el más mínimo latir de tu corazón.

Que formando parte de algo mucho más grande que yo mismo, nunca pierda la noción de la importancia de otros en mi vida, de la mía en la de otros, del sonido de una canción, del calor de unas caricias, de la magia de un concierto, de la intensidad de una historia, de lo gratificante de ir presto a escuchar lo que tengas que decirme siempre que quieras contar conmigo. Que nunca pierda la noción de que eres esa parte de mí que vive fuera de mí mismo, esa parte de mí a quien puedo decirle quién soy aún cuando ya lo sabes perfectamente, esa parte de mí a quién puedo decirle lo que todavía no soy, lo que todavía no sé, y sabrá decirme cómo encontrarme. Y que por siempre mirarte a los ojos me haga descubrir la inmensidad sin sentirme abrumado por ella.

Sois cuatro, las cuatro mujeres (qué cosas), y las cuatro imprescindibles. Os quiero. A mí manera, supongo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario